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Escuela de la Fe Denver/Frederick
jueves, 18 de julio de 2019
martes, 8 de diciembre de 2015
MÓDULO 1/SESIÓN 15
Razón y Fe en la comprensión de la Revelación
Sin revelación no tenemos datos sobre Dios, y sin fe no tenemos razones
suficientes para aceptar esos datos. La fe no es el resultado de una
demostración apologética, sino un don de la gracia: “Nadie puede venir a mí, si
el Padre que me ha enviado no le atrae” (Jn 6,44).
La teología no es mejor que la fe, pero es un intento por responder a ese deseo
de visión que sólo se saciará en la otra vida.
La fe se funda en el testimonio de Dios y cuenta con la ayuda sobrenatural de
la gracia, mientras que la razón se apoya sobre la percepción de los sentidos y
la experiencia, y se mueve a la luz de la sola inteligencia.
La certeza de fe precede al trabajo teológico, asegurando su validez, pues por su
fe quien estudia la teología tiene como absolutamente ciertas unas verdades
que no podría conocer ni por su experiencia ni por su reflexión; en razón de esta
certeza, se dedica a comprender el sentido de la Palabra de Dios.
Para recordar
-
Fe y razón, son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad (S. S. Juan Pablo II, Fe y Razón).
-
La fe es más cierta que todo conocimiento humano, porque se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir.
-
La escucha de la fe asume los contenidos de la Revelación tal como han sido explicitados progresivamente en la Tradición, la Sagrada Escritura y el Magisterio vivo de la Iglesia.
-
“Creo para comprender y comprendo para creer mejor” (CEC 158)
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Les deseo mucho éxito en sus exámenes y que pasen una Navidad llena del amor de Dios,
que Jesús nazca en cada corazón,
¡Feliz Navidad y
bendiciones en este año que comienza!
martes, 1 de diciembre de 2015
MÓDULO 1/ SESIÓN 14
El crecimiento en la comprensión de la Revelación
La Iglesia cree firmemente que en el misterio de Jesucristo, el Hijo de Dios
encarnado, se da la revelación definitiva de la plenitud de la verdad divina.
Lo que se perfecciona y avanza no es el depósito de la fe en si mismo, sino
nuestra inteligencia y asimilación de la revelación, expresándola mediante
formulaciones más claras y explícitas.
Dogma o definición dogmática es una proposición que enuncia una verdad que
forma parte de la revelación, que es necesaria para conservarla y exponerla, y
es propuesta por el Magisterio de la Iglesia mediante una proclamación
especial, en un concilio ecuménico o por definición ex cátedra del Papa.
La evolución del dogma representa una vuelta retrospectiva a la Tradición y a
la Escritura, fuentes de la herencia apostólica, pero a la vez el desarrollo
progresivo en el entendimiento de la fe.
Para recordar
La fe implica la adhesión a la verdad revelada por Dios, en virtud de la confianza que se le concede a la persona que la afirma. El Espíritu Santo es quien guía a la Iglesia hasta la verdad completa.
La tarea primordial de la definición dogmática consiste en facilitar la confesión comunitaria en la Iglesia, hacer más clara la verdad y salir al paso de necesidades urgentes en determinado momento.
El dogma católico, según la enseñanza y la fe constante de la Iglesia es esencialmente inmutable.
Con la guía del Espíritu Santo, la Iglesia progresa en la inteligencia, cada vez más profunda y precisa de la Palabra, pero sin cambiar su sentido, pues no hay una nueva Revelación.
Una cosa es el depósito de la fe y otra, la manera como se expresa, conservando el mismo sentido y la misma significación
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martes, 24 de noviembre de 2015
MODULO 1/ SESIÓN 13
Las Características de la Fe
Creer en Dios significa para el hombre adherirse a Dios mismo, confiando
plenamente en Él y dando pleno asentimiento a todas las verdades por Él
reveladas, porque Dios es la Verdad. Significa creer en un solo Dios en tres
personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
La fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la
virtud sobrenatural necesaria para salvarse.
El acto de fe es un acto humano,
es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la
voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina.
Además, la fe
es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; «actúa por medio de
la caridad» (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a
la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde
ahora el gozo del cielo.
Aunque la fe supera a la razón, no puede nunca haber contradicción entre la fe
y la ciencia, ya que ambas tienen su origen en Dios. Es Dios mismo quien da al
hombre tanto la luz de la razón como la fe.
«Cree para comprender y comprende para creer» (San Agustín).
Creer en Cristo Jesús y en aquél que lo envió para salvarnos es necesario para
obtener esa salvación. Puesto que `sin la fe... es imposible agradar a Dios. Jesús
afirma: El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará
((Mc 16,16).
La Iglesia es la primera que cree, y así conduce, alimenta y sostiene mi fe.
La Iglesia es la primera que, en todas partes, confiesa al Señor, y con ella y en
ella somos impulsados y llevados a confesar también: "creo", "creemos".
Por
medio de la Iglesia recibimos la fe y la vida nueva en Cristo por el bautismo.
Para recordar
- Creer entraña una doble referencia: a la persona y a la verdad; a la verdad por confianza en la persona que la atestigua.
- No debemos creer en ningún otro que no sea Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
- La fe es un don sobrenatural de Dios, para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo, al mismo tiempo, creer es un acto humano, consciente y libre que corresponde a la dignidad de la persona humana.
- Creemos todas aquellas cosas que se contienen en la Palabra de Dios escrita o transmitida y son propuestas por la Iglesia, para ser creídas como divinamente reveladas.
- La fe es un gusto anticipado del conocimiento que nos hará bienaventurados en la vida futura.
- La fe es más cierta que cualquier conocimiento humano, pues se funda en la Palabra misma de Dios, que no puede mentir.
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martes, 17 de noviembre de 2015
MODULO 1/ SESIÓN 12
¿Por qué creemos?
- El objeto de la fe es Dios mismo en cuanto revelador. Hay que creer y obedecer al Dios que habla.
-
La fe es la fuerza sobrenatural que nos da Dios para ayudar la voluntad a
aceptar lo que la inteligencia no ve claramente
-
La fe establece entre Dios y el hombre una relación viva de persona a persona,
en una adhesión total que comprende conocimiento y amor.
- La fe no es sólo un abandono sin contenido, ni tampoco un asentimiento a una doctrina totalmente despersonalizada.
- La respuesta del hombre por la fe no es el resultado de una actividad humana: es un don de Dios.
- No basta escuchar el Evangelio. Hace falta la gracia preveniente y ayudante de Dios que impulsa a creer. Es el Espíritu Santo quien actúa en la fe y da el testimonio de Cristo.
- Al Espíritu Santo hay que atribuir la profundización de la revelación: abre la inteligencia y nos connaturaliza con el Evangelio.
Para recordar
La gracia de la fe se nos ha dado para que brille ante los hombres, no para que esté oculta.
Por la fe el hombre en respuesta a la Revelación ofrece su adhesión personal a Dios y acepta libremente toda la verdad que Él ha revelado.
La fe es la fuerza sobrenatural que nos da Dios para ayudar a la voluntad a aceptar lo que la inteligencia no ve claramente.
El asentimiento de la fe no nace de la evidencia de la verdad intrínseca de las cosas, sino que se apoya en la autoridad de Dios que revela.
La fe puede ser puesta a prueba por Dios, por eso hay que confesarla y pedir a Dios que la aumente.
Sé en quien he creído y me siento seguro.
El hombre acepta y confía gracias al llamado de Dios.
martes, 10 de noviembre de 2015
MÓDULO 1/ SESIÓN 10 y 11
Sesión 10
Transmisión de la Revelación mediante la catequesis
La Revelación de Dios está destinada a toda la humanidad, pues Dios quiere
que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
En
virtud de esta voluntad salvífica universal, Dios ha dispuesto que la Revelación
se transmitiera a todos los pueblos, a todas las generaciones, y permaneciera
íntegra para siempre.
Este mandato lo realiza la Iglesia mediante la
evangelización por la catequesis.
La catequesis transmite la Revelación con hechos y palabras pues es, a un
tiempo, testimonio y anuncio, palabra y sacramento, enseñanza y compromiso.
La catequesis extrae siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra de
Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura, que constituyen el
único depósito sagrado de la Palabra de Dios confiado a la Iglesia.
En la catequesis lo que se enseña es a Cristo, el Verbo encarnado e Hijo de Dios
y todo lo demás en referencia a El; el único que enseña es Cristo, y cualquier
otro lo hace en la medida en que es portavoz suyo, permitiendo que Cristo
enseñe por su boca.
La catequesis hace suyo el proyecto de Dios y lo propone a los creyentes para
que lo asuman como criterio fundamental de su vida, actualiza en cada época
y en cada circunstancia la única y definitiva Revelación de Dios.
Para recodar
-
La Iglesia transmite la Revelación mediante la catequesis.
-
La presentación del mensaje evangélico tiene por objetivo provocar la
conversión a Cristo.
-
La catequesis es una acción esencialmente eclesial que compromete a
todos los bautizados.
-
La predicación es la acción pastoral que tiene por objetivo la educación
permanente en la fe de los fieles cristianos ya maduros e integrados en el
seno de la comunidad.
-
No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído (Hch 4,20).
Sesión 11
El Catecismo y su uso práctico
El Catecismo surge como una necesidad ante la gran confusión doctrinal que
hay en el mundo.
A pesar de que en un principio se le conoció como el Nuevo
Catecismo, la doctrina que enseña es la misma, no contiene cosas diferentes de
las que ha enseñado siempre la Iglesia.
Las respuestas son las mismas y
siempre serán las del Evangelio; la novedad está en que dice lo mismo – que
Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, - pero lo dice de modo que el
hombre de principios del siglo XXI pueda comprender mejor el mensaje de
Cristo.
La finalidad y la estructura son las mismas que el Catecismo Romano de Pío V,
Los destinatarios son los mismos, pero se plantean problemas ignorados en
otras épocas, como la eutanasia, (CEC 2276 – 2279); nuevas tecnologías, (2293);
trasplante de órganos, (CEC 2296); drogas, (CEC 2291); secuestros, (CEC 2297)
etc.
Representa una exposición orgánica y sintética de los contenidos esenciales y
fundamentales de la doctrina católica, sobre fe y moral a la luz del Vaticano II
y del conjunto de la tradición de la Iglesia.
Expone la fe de la Iglesia y la doctrina católica, atestiguada e iluminada por la
Sagrada Escritura, la Tradición Apostólica, la Liturgia y el Magisterio.
Se reconoce su valor doctrinal porque es un acto del Magisterio ordinario del
Papa, (suprema autoridad de la Iglesia) promulgado mediante una
Constitución Apostólica, una de las formas más solemnes del magisterio
pontificio.
Expone lo creído por la Iglesia, no entra en discusiones ni aventura opiniones.
Expone pacíficamente lo que está reconocido por la Iglesia como expresión de
la revelación de Dios.
Para recordar
-
El Catecismo, al estar avalado por el Papa se propone como texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la doctrina católica.
-
Las fuentes del Catecismo son la Sagrada Escritura, la Tradición, expresada en los Santos Padres, la Liturgia y el Magisterio de la Iglesia.
-
El Catecismo está dividido en cuatro partes: La profesión de la fe bautismal (el Símbolo), los Sacramentos de la fe, la vida de fe (los Mandamientos) y la oración del creyente, (el Padre Nuestro)
-
El Catecismo favorece la coherente y sistemática educación en la fe de los cristianos.
-
El Catecismo ofrece a todo hombre razón de nuestra esperanza y de lo que cree la Iglesia Católica
-
El Catecismo está concebido como una exposición orgánica de toda la fe católica.
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martes, 3 de noviembre de 2015
MODULO 1/ SESIÓN 9
El Magisterio en la transmisión de la Revelación
El oficio de conservar, exponer e interpretar auténticamente la palabra de Dios
en la Iglesia, corresponde únicamente al Magisterio, el cual lo ejerce en nombre
de Jesucristo.
El Magisterio es un servicio querido por Cristo, para la propagación y la
conservación de la palabra de Dios, cuya finalidad es la transmisión
ininterrumpida y fiel de la revelación, adaptándola a las situaciones históricas
y culturales de cada época.
La infalibilidad del Magisterio se ejerce cuando el Romano Pontífice, en virtud
de su autoridad de Supremo Pastor de la Iglesia, o el colegio de los obispos en
comunión con el Papa, sobre todo reunido en un Concilio Ecuménico, proclaman
con acto definitivo una doctrina referente a la fe o a la moral; y también cuando
el Papa y los obispos, en su Magisterio ordinario, concuerdan en proponer una
doctrina como definitiva. Todo fiel debe adherirse a tales enseñanzas con el
obsequio de la fe.
Hablar ex cathedra, significa que el Papa en cumplimiento de su oficio de
pastor y doctor de la Iglesia, define con autoridad apostólica que la Iglesia
universal debe aceptar una doctrina perteneciente a la fe o a las costumbres.
El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo
cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al
pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la
Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades
que tienen con ellas un vínculo necesario.
Para recordar
Los fieles, recordando las palabras de Cristo “ Él que a vosotros escucha
a mí me escucha”, recibimos con docilidad las enseñanzas y directrices
del Magisterio.
Escritura y Tradición son el canal transmisor de la Revelación, mientras
que el Magisterio la explica y la interpreta.
Al Colegio episcopal, con el Papa que es su cabeza, le compete la
autoridad y la responsabilidad misional de transmitir la doctrina de los
apóstoles.
El Magisterio ordinario constituye el cauce normal de la predicación de
la Iglesia, y se exterioriza a través de la enseñanza del Papa y de los
obispos en comunión con él.
Este Magisterio ordinario es distinto del Magisterio ordinario universal,
o Magisterio del Colegio episcopal, que participa de la infalibilidad de
Cristo.
El Magisterio extraordinario está constituido por el concilio ecuménico
con el Papa a la cabeza y el Papa solo, cuando habla ex cathedra.
El Magisterio infalible cuando habla en virtud de su autoridad doctrinal
no se puede equivocar gracias a la asistencia del Espíritu Santo.
El Papa "goza, por institución divina, de una potestad suprema, plena,
inmediata y universal para cuidar las almas" (CEC 937).
Para acceder al video de la clase haz click AQUÍ o en la imagen siguiente:
A CONTINUACIÓN LES COMPARTO ALGUNOS ENLACES CONFIABLES EN DONDE PUEDEN OBTENER INFORMACIÓN ACERCA DEL PAPA, EL VATICANO, LA IGLESIA, ETC. PARA ACCEDER SÓLO TOQUEN EL LINK.
Estos son algunos de los vínculos a portales católicos confiables, lo que encuentren aquí está de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia.
El Magisterio en la transmisión de la Revelación
El oficio de conservar, exponer e interpretar auténticamente la palabra de Dios
en la Iglesia, corresponde únicamente al Magisterio, el cual lo ejerce en nombre
de Jesucristo.
El Magisterio es un servicio querido por Cristo, para la propagación y la
conservación de la palabra de Dios, cuya finalidad es la transmisión
ininterrumpida y fiel de la revelación, adaptándola a las situaciones históricas
y culturales de cada época.
La infalibilidad del Magisterio se ejerce cuando el Romano Pontífice, en virtud
de su autoridad de Supremo Pastor de la Iglesia, o el colegio de los obispos en
comunión con el Papa, sobre todo reunido en un Concilio Ecuménico, proclaman
con acto definitivo una doctrina referente a la fe o a la moral; y también cuando
el Papa y los obispos, en su Magisterio ordinario, concuerdan en proponer una
doctrina como definitiva. Todo fiel debe adherirse a tales enseñanzas con el
obsequio de la fe.
Hablar ex cathedra, significa que el Papa en cumplimiento de su oficio de
pastor y doctor de la Iglesia, define con autoridad apostólica que la Iglesia
universal debe aceptar una doctrina perteneciente a la fe o a las costumbres.
El Magisterio de la Iglesia ejerce plenamente la autoridad que tiene de Cristo
cuando define dogmas, es decir, cuando propone, de una forma que obliga al
pueblo cristiano a una adhesión irrevocable de fe, verdades contenidas en la
Revelación divina o también cuando propone de manera definitiva verdades
que tienen con ellas un vínculo necesario.
Para recordar
Los fieles, recordando las palabras de Cristo “ Él que a vosotros escucha
a mí me escucha”, recibimos con docilidad las enseñanzas y directrices
del Magisterio.
Escritura y Tradición son el canal transmisor de la Revelación, mientras
que el Magisterio la explica y la interpreta.
Al Colegio episcopal, con el Papa que es su cabeza, le compete la
autoridad y la responsabilidad misional de transmitir la doctrina de los
apóstoles.
El Magisterio ordinario constituye el cauce normal de la predicación de
la Iglesia, y se exterioriza a través de la enseñanza del Papa y de los
obispos en comunión con él.
Este Magisterio ordinario es distinto del Magisterio ordinario universal,
o Magisterio del Colegio episcopal, que participa de la infalibilidad de
Cristo.
El Magisterio extraordinario está constituido por el concilio ecuménico
con el Papa a la cabeza y el Papa solo, cuando habla ex cathedra.
El Magisterio infalible cuando habla en virtud de su autoridad doctrinal
no se puede equivocar gracias a la asistencia del Espíritu Santo.
El Papa "goza, por institución divina, de una potestad suprema, plena,
inmediata y universal para cuidar las almas" (CEC 937).
Para acceder al video de la clase haz click AQUÍ o en la imagen siguiente:
A CONTINUACIÓN LES COMPARTO ALGUNOS ENLACES CONFIABLES EN DONDE PUEDEN OBTENER INFORMACIÓN ACERCA DEL PAPA, EL VATICANO, LA IGLESIA, ETC. PARA ACCEDER SÓLO TOQUEN EL LINK.
Estos son algunos de los vínculos a portales católicos confiables, lo que encuentren aquí está de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia.
miércoles, 14 de octubre de 2015
MÓDULO 1/SESIÓN 8
La Transmisión de la Revelación
Para que cuanto ha revelado se conserve por siempre fiel e íntegro, el mismo
Jesús ha entregado su Espíritu a la comunidad viva de la Iglesia, la cual
transmite, actualiza y hace presente la revelación en cada etapa de la historia
La tradición cumple una doble función, por una parte protege contra las
interpretaciones aberrantes y por otra asegura la transmisión del dinamismo
original del texto previniéndola de posibles corrupciones.
Tradición y Escritura son dos modos íntimamente unidos que se necesitan y se
compenetran entre sí, pues manan de la misma fuente, se unen en un mismo
caudal y corren hacia el mismo fin, formando el único "sagrado depósito", del
que la Iglesia deriva su certeza acerca de todas las verdades reveladas.
Es preciso que Cristo sea anunciado a todos los hombres, según su propio
mandato: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28, 19). Esto se lleva
a cabo mediante la Tradición Apostólica.
La Tradición Apostólica es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a cabo,
desde los comienzos del cristianismo, por la predicación, el testimonio, las
instituciones, el culto y los escritos inspirados. Los Apóstoles transmitieron a
sus sucesores, los obispos y, a través de éstos, a todas las generaciones hasta el
fin de los tiempos todo lo que habían recibido de Cristo y aprendido del Espíritu
Santo.
La Tradición Apostólica se realiza de dos modos: con la transmisión viva de la
Palabra de Dios (también llamada simplemente Tradición) y con la Sagrada
Escritura, que es el mismo anuncio de la salvación puesto por escrito.
La Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y
compenetradas entre sí, ambas hacen presente y fecundo en la Iglesia el
Misterio de Cristo, y surgen de la misma fuente divina: constituyen un solo
sagrado depósito de la fe, del cual la Iglesia saca su propia certeza sobre todas
las cosas reveladas.
El depósito de la fe ha sido confiado por los Apóstoles a toda la Iglesia. Todo el
Pueblo de Dios, con el sentido sobrenatural de la fe, sostenido por el Espíritu
Santo y guiado por el Magisterio de la Iglesia, acoge la Revelación divina, la
comprende cada vez mejor, y la aplica a la vida.
Para recordar
Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos se
conservara para siempre íntegro y que fuera transmitido a todos los hombres.
Con la presencia permanente de Cristo y la asistencia del Espíritu Santo, la
revelación ha sido transmitida en y por la Iglesia, a través de la Sagrada
Tradición y la Sagrada Escritura.
La Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las
edades lo que es y lo que cree
Mediante la Tradición, la Iglesia perpetúa la revelación y la transmite a los
hombres de todos los tiempos en su vida, en su doctrina y en su culto.
Los apóstoles, en cumplimiento del encargo de Cristo, dieron testimonio de la
revelación a través de sus escritos, sus palabras y su propia vida.
La Tradición es esencial y normativa para la fe. La revelación está incompleta
sin la Tradición.
Tradición y Escritura tienen la misma fuente, la Palabra de Dios, y tienden a
un mismo fin, hacer presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo.
En la Iglesia primitiva se daba gran importancia a la Tradición
Lo que los Apóstoles transmitieron, comprende todo lo necesario para una vida
santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios.
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miércoles, 7 de octubre de 2015
MÓDULO 1/SESIÓN 7
Jesucristo es la plenitud de la Revelación
Siguiendo una pedagogía propia, Dios se reveló al hombre gradualmente,
mediante hechos y palabras íntimamente ligadas entre sí, este largo proceso de
la revelación culminó con el envío de su propio Hijo.
En él se da la revelación
de la plenitud de la verdad divina. Con él Dios lo ha dicho todo, ya no habrá
que esperar otra revelación.
Únicamente Jesús de Nazaret, hijo de María, es el Hijo y Verbo del Padre. El
Verbo, que estaba en el principio con Dios es el mismo que se hizo carne. Al
respecto Juan Pablo II ha declarada explícitamente: Cristo es Jesús de Nazaret
y éste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos.
Después de la encarnación la divinidad y la humanidad llegaron a una unidad
tan grande que Jesucristo verdadero Dios, no hubiera podido realizar las
acciones humanas, ni Jesucristo verdadero hombre hubiera podido realizar las
acciones divinas.
En consecuencia, el Magisterio de la Iglesia, fiel a la
revelación divina, reitera que Jesucristo es el mediador y el redentor universal.
Dios quiere que todos los hombres se salven, por lo tanto, es necesario pues,
mantener unidas estas dos verdades: la posibilidad real de la salvación de
Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta
misma salvación.
El Señor Jesús, único salvador, no estableció una simple comunidad de
discípulos, sino que constituyó a la Iglesia como misterio salvífico.
Cristo y la
Iglesia no se pueden confundir pero tampoco separar, y constituyen un único
Cristo total.
Para recordar
Es contrario a la fe de la Iglesia sostener el carácter limitado, incompleto o imperfecto de la revelación de Jesucristo, que sería complementada por otras religiones.
La verdad sobre Dios no es abolida o reducida porque sea dicha en lenguaje humano. Ella sigue siendo única, plena y completa porque quien habla y actúa es el Hijo de Dios.
Aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.
Con la encarnación, todas las acciones salvíficas del Verbo de Dios, se
hacen siempre en unión con la naturaleza humana que él ha asumido
para la salvación de todos los hombres, pues el único sujeto que actúa en
las dos naturalezas, la divina y la humana, es la única persona del
Verbo.
El Magisterio de la Iglesia, fiel a la revelación divina, reitera que Jesucristo es el mediador y el redentor universal.
La acción del Espíritu no está fuera o al lado de la acción de Cristo. Se trata de una sola economía salvífica de Dios Uno y Trino, realizada en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios, y llevada a cabo con la cooperación del Espíritu Santo .
Los hombres no pueden entrar en comunión con Dios si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu.
El Magisterio de la Iglesia, fiel a la revelación divina, reitera que Jesucristo es el mediador y el redentor universal.
La acción del Espíritu no está fuera o al lado de la acción de Cristo. Se trata de una sola economía salvífica de Dios Uno y Trino, realizada en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios, y llevada a cabo con la cooperación del Espíritu Santo .
Los hombres no pueden entrar en comunión con Dios si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu.
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miércoles, 30 de septiembre de 2015
MÓDULO 1/SESIÓN 6
LA ESPERA DEL MESÍAS
I. Introducción
Mesías, del arameo meshiha y del hebreo mashiah, significa «ungido» y fue traducido al griego por «christós», latinizado en christus. Semánticamente, nos encontramos ante una de las evoluciones más sorprendentes: el participio que habitualmente indicaba al «rey» de Israel -en alusión particular a su ceremonia de investidura- se convierte en el nombre propio de una persona histórica en la que se ve realizada la antigua promesa1. (La etimología también puede ser encontrada Cfr. CEC 436)
En Israel eran ungidos por orden de Yahvé (1 Sam 9,16), los consagrados para una misión que habían recibido de Él, como era el caso de los reyes. Se unge también a los sacerdotes (Cfr. Ex 29, 7; Lv 8, 12) y, excepcionalmente a los profetas (Cfr. 1 R 19, 16).
II. La promesa del Mesías
Desde el inicio, la respuesta de Dios al primer pecado del hombre fue la promesa original de un Salvador, en el Antiguo Testamento, durante siglos y generaciones el anuncio del Mesías prometido se recordaba de diversos modos, en los ritos, en los simbolismos , en las plegarias, en las profecías, en la misma historia de Israel como pueblo de Dios.
En la época de los patriarcas, (Gn 49,10; (Dt 18,18).
III. La misión de los profetas.
La dolorosa experiencia del destierro que dejó a los israelitas desamparados, intensificó en el pueblo la espera y la súplica de un nuevo ungido, de un rey que continuara la descendencia real de David y restableciera su reino. (Cfr. Is 2,2- 4; Jr 31,31-34; Hb 10,16; Ez 36; Is 49,5-6; 53,11).
Para que los alumnos participen, se les puede preguntar ¿Quién es un profeta? Y si en la actualidad existen los profetas.
IV. La figura del Mesías.
Los profetas, portadores de la promesa de salvación y restauración para el pueblo de Dios, también fueron dando los rasgos de aquel que habría de venir:
Mesías, del arameo meshiha y del hebreo mashiah, significa «ungido» y fue traducido al griego por «christós», latinizado en christus. Semánticamente, nos encontramos ante una de las evoluciones más sorprendentes: el participio que habitualmente indicaba al «rey» de Israel -en alusión particular a su ceremonia de investidura- se convierte en el nombre propio de una persona histórica en la que se ve realizada la antigua promesa1. (La etimología también puede ser encontrada Cfr. CEC 436)
En Israel eran ungidos por orden de Yahvé (1 Sam 9,16), los consagrados para una misión que habían recibido de Él, como era el caso de los reyes. Se unge también a los sacerdotes (Cfr. Ex 29, 7; Lv 8, 12) y, excepcionalmente a los profetas (Cfr. 1 R 19, 16).
II. La promesa del Mesías
Desde el inicio, la respuesta de Dios al primer pecado del hombre fue la promesa original de un Salvador, en el Antiguo Testamento, durante siglos y generaciones el anuncio del Mesías prometido se recordaba de diversos modos, en los ritos, en los simbolismos , en las plegarias, en las profecías, en la misma historia de Israel como pueblo de Dios.
En la época de los patriarcas, (Gn 49,10; (Dt 18,18).
Balaam bendice al pueblo de Israel por orden de Yahvé. (Cfr. Núm
- 24,17).
III. La misión de los profetas.
La dolorosa experiencia del destierro que dejó a los israelitas desamparados, intensificó en el pueblo la espera y la súplica de un nuevo ungido, de un rey que continuara la descendencia real de David y restableciera su reino. (Cfr. Is 2,2- 4; Jr 31,31-34; Hb 10,16; Ez 36; Is 49,5-6; 53,11).
Para que los alumnos participen, se les puede preguntar ¿Quién es un profeta? Y si en la actualidad existen los profetas.
IV. La figura del Mesías.
Los profetas, portadores de la promesa de salvación y restauración para el pueblo de Dios, también fueron dando los rasgos de aquel que habría de venir:
Las profecías más notables son de Isaías: (Is 9,5-6; Is 11,1-9; cfr CEC 712). el Emmanuel: (Cfr. Is 7, 14) El Siervo de Yahvé (Is 49, 6; 50, 4; 52, 15; 53, 11).
Jeremías, profetiza que un descendiente de David reunificará a todas las tribus, como símbolo de la salvación que Dios desea para todos los pueblos y razas.
El profeta Miqueas precisa que será rey y nacerá en Belén. (Miq 5, 1)
Zacarías lo muestra como rey justo, que trae la paz y la victoria, aunque será un salvador humilde que vendrá montado sobre un asno. (Zac 9, 9)
El profeta Daniel, por su parte, describe al Mesías como el Hijo del Hombre que viene de lo alto, sobre las nubes del (Cfr. Dn 7, 13-14)
V. La plenitud de los tiempos.
“Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley” (Gal 4,4). Después de una larga espera llega la plenitud de los tiempos, el ángel anuncia a Maria el nacimiento de Jesús: (Lc 1,30-33).
Este acontecimiento se manifiesta a diversos testigos:
A los pastores (Cfr. Lc.2,16)
El anciano Simeón (Lc 2, 22-32).
Lo mismo que a la profetisa Ana (Lc 2, 38).
En la Sinagoga de Nazareth, (Lc 4,16-21).
Andrés (Jn. 1, 41).
Juan Bautista (Cfr. Mt 11, 2-6).
A la Samaritana (Jn 4, 25).
Sumo Sacerdote y Sanedrín: (Mc 14, 61-64; Jn 19,7)
El anciano Simeón (Lc 2, 22-32).
Lo mismo que a la profetisa Ana (Lc 2, 38).
En la Sinagoga de Nazareth, (Lc 4,16-21).
Andrés (Jn. 1, 41).
Juan Bautista (Cfr. Mt 11, 2-6).
A la Samaritana (Jn 4, 25).
Sumo Sacerdote y Sanedrín: (Mc 14, 61-64; Jn 19,7)
Para recordar
-
Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de
sacerdote, profeta y rey
-
Jesús, el Mesías, con toda propiedad es el Emmanuel, el Dios- con-
nosotros
-
La consagración mesiánica de Jesús manifiesta el carácter divino de su
misión.
-
Él es el Hijo del Altísimo y su reino no tendrá fin.
Para ver el video de la clase puedes hacer click AQUI
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miércoles, 23 de septiembre de 2015
MÓDULO1/SESIÓN 5
Yahvé, Dios fiel y misericordioso
A pesar del pecado de idolatría de Israel, que renegó de Dios para adorar al
becerro de oro, Dios escucha la intercesión de Moisés y acepta marchar en
medio de un pueblo infiel, reconociendo así, que es misericordioso, clemente,
rico en amor y fidelidad; que perdona la rebeldía y que, a pesar de la infidelidad
del pecado de los hombres y del castigo que merecen, mantiene su amor por mil
generaciones.
Yahvé se conmovía de su pueblo ante los gemidos que profería bajo el yugo de
sus opresores, porque prevaleció siempre su amor salvífico sobre la infidelidad
de su pueblo, aunque les dejó bien en claro que sus desgracias les ocurrían
porque no escuchaban su voz.
En la predicación de los profetas la misericordia significa una fuerza especial
del amor, que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido.
Yahvé siente por su pueblo un amor real y personal, como esposo enamorado,
fiel hasta el extremo, pero herido por la traición de su amada: que se
engalanaba con anillos y collares, para ir tras sus amantes, olvidándose de mi.
Para recordar
- Cuando revela su nombre: "Yo soy" se revela como el Dios que está siempre allí, presente junto a su pueblo para salvarlo.
- Desde los comienzos, y a lo largo de su historia, tanto en los hechos como en sus palabras, Dios ha derrochado misericordia con el pueblo que escogió para sí.
- El arrepentimiento del propio corazón es el que Dios quiere, no los sacrificios sustitutos de animales.
- Dios busca en primer lugar que se le conozca con amor: “Yo quiero amor no sacrificios; conocimiento de Dios, más que víctimas consumidas por el fuego”
- Dios es amor, por tanto es justo y fiel; no puede contradecirse, debe acordarse de sus acciones maravillosas, su Gloria está en juego, no puede abandonar al pueblo que lleva su Nombre.
- Tanto el Dios de Oseas, como el padre del hijo prodigo ama a su pueblo con un amor inmenso de esposo y de padre, siempre tierno y fiel.
- Yo no guardo rencor para siempre, tan solo reconoce tu culpa, pues mi mano no se ha vuelto demasiado corta para rescatarte (Cfr. Is 50,2)
VIDEO DE LA CLASE Haz click AQUÍ o en la imagen siguiente:
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