La Transmisión de la Revelación
Para que cuanto ha revelado se conserve por siempre fiel e íntegro, el mismo
Jesús ha entregado su Espíritu a la comunidad viva de la Iglesia, la cual
transmite, actualiza y hace presente la revelación en cada etapa de la historia
La tradición cumple una doble función, por una parte protege contra las
interpretaciones aberrantes y por otra asegura la transmisión del dinamismo
original del texto previniéndola de posibles corrupciones.
Tradición y Escritura son dos modos íntimamente unidos que se necesitan y se
compenetran entre sí, pues manan de la misma fuente, se unen en un mismo
caudal y corren hacia el mismo fin, formando el único "sagrado depósito", del
que la Iglesia deriva su certeza acerca de todas las verdades reveladas.
Es preciso que Cristo sea anunciado a todos los hombres, según su propio
mandato: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28, 19). Esto se lleva
a cabo mediante la Tradición Apostólica.
La Tradición Apostólica es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a cabo,
desde los comienzos del cristianismo, por la predicación, el testimonio, las
instituciones, el culto y los escritos inspirados. Los Apóstoles transmitieron a
sus sucesores, los obispos y, a través de éstos, a todas las generaciones hasta el
fin de los tiempos todo lo que habían recibido de Cristo y aprendido del Espíritu
Santo.
La Tradición Apostólica se realiza de dos modos: con la transmisión viva de la
Palabra de Dios (también llamada simplemente Tradición) y con la Sagrada
Escritura, que es el mismo anuncio de la salvación puesto por escrito.
La Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y
compenetradas entre sí, ambas hacen presente y fecundo en la Iglesia el
Misterio de Cristo, y surgen de la misma fuente divina: constituyen un solo
sagrado depósito de la fe, del cual la Iglesia saca su propia certeza sobre todas
las cosas reveladas.
El depósito de la fe ha sido confiado por los Apóstoles a toda la Iglesia. Todo el
Pueblo de Dios, con el sentido sobrenatural de la fe, sostenido por el Espíritu
Santo y guiado por el Magisterio de la Iglesia, acoge la Revelación divina, la
comprende cada vez mejor, y la aplica a la vida.
Para recordar
Dios quiso que lo que había revelado para salvación de todos los pueblos se
conservara para siempre íntegro y que fuera transmitido a todos los hombres.
Con la presencia permanente de Cristo y la asistencia del Espíritu Santo, la
revelación ha sido transmitida en y por la Iglesia, a través de la Sagrada
Tradición y la Sagrada Escritura.
La Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las
edades lo que es y lo que cree
Mediante la Tradición, la Iglesia perpetúa la revelación y la transmite a los
hombres de todos los tiempos en su vida, en su doctrina y en su culto.
Los apóstoles, en cumplimiento del encargo de Cristo, dieron testimonio de la
revelación a través de sus escritos, sus palabras y su propia vida.
La Tradición es esencial y normativa para la fe. La revelación está incompleta
sin la Tradición.
Tradición y Escritura tienen la misma fuente, la Palabra de Dios, y tienden a
un mismo fin, hacer presente y fecundo en la Iglesia el misterio de Cristo.
En la Iglesia primitiva se daba gran importancia a la Tradición
Lo que los Apóstoles transmitieron, comprende todo lo necesario para una vida
santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios.
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