LA ESPERA DEL MESÍAS
I. Introducción
Mesías, del arameo meshiha y del hebreo mashiah, significa «ungido» y fue traducido al griego por «christós», latinizado en christus. Semánticamente, nos encontramos ante una de las evoluciones más sorprendentes: el participio que habitualmente indicaba al «rey» de Israel -en alusión particular a su ceremonia de investidura- se convierte en el nombre propio de una persona histórica en la que se ve realizada la antigua promesa1. (La etimología también puede ser encontrada Cfr. CEC 436)
En Israel eran ungidos por orden de Yahvé (1 Sam 9,16), los consagrados para una misión que habían recibido de Él, como era el caso de los reyes. Se unge también a los sacerdotes (Cfr. Ex 29, 7; Lv 8, 12) y, excepcionalmente a los profetas (Cfr. 1 R 19, 16).
II. La promesa del Mesías
Desde el inicio, la respuesta de Dios al primer pecado del hombre fue la promesa original de un Salvador, en el Antiguo Testamento, durante siglos y generaciones el anuncio del Mesías prometido se recordaba de diversos modos, en los ritos, en los simbolismos , en las plegarias, en las profecías, en la misma historia de Israel como pueblo de Dios.
En la época de los patriarcas, (Gn 49,10; (Dt 18,18).
III. La misión de los profetas.
La dolorosa experiencia del destierro que dejó a los israelitas desamparados, intensificó en el pueblo la espera y la súplica de un nuevo ungido, de un rey que continuara la descendencia real de David y restableciera su reino. (Cfr. Is 2,2- 4; Jr 31,31-34; Hb 10,16; Ez 36; Is 49,5-6; 53,11).
Para que los alumnos participen, se les puede preguntar ¿Quién es un profeta? Y si en la actualidad existen los profetas.
IV. La figura del Mesías.
Los profetas, portadores de la promesa de salvación y restauración para el pueblo de Dios, también fueron dando los rasgos de aquel que habría de venir:
Mesías, del arameo meshiha y del hebreo mashiah, significa «ungido» y fue traducido al griego por «christós», latinizado en christus. Semánticamente, nos encontramos ante una de las evoluciones más sorprendentes: el participio que habitualmente indicaba al «rey» de Israel -en alusión particular a su ceremonia de investidura- se convierte en el nombre propio de una persona histórica en la que se ve realizada la antigua promesa1. (La etimología también puede ser encontrada Cfr. CEC 436)
En Israel eran ungidos por orden de Yahvé (1 Sam 9,16), los consagrados para una misión que habían recibido de Él, como era el caso de los reyes. Se unge también a los sacerdotes (Cfr. Ex 29, 7; Lv 8, 12) y, excepcionalmente a los profetas (Cfr. 1 R 19, 16).
II. La promesa del Mesías
Desde el inicio, la respuesta de Dios al primer pecado del hombre fue la promesa original de un Salvador, en el Antiguo Testamento, durante siglos y generaciones el anuncio del Mesías prometido se recordaba de diversos modos, en los ritos, en los simbolismos , en las plegarias, en las profecías, en la misma historia de Israel como pueblo de Dios.
En la época de los patriarcas, (Gn 49,10; (Dt 18,18).
Balaam bendice al pueblo de Israel por orden de Yahvé. (Cfr. Núm
- 24,17).
III. La misión de los profetas.
La dolorosa experiencia del destierro que dejó a los israelitas desamparados, intensificó en el pueblo la espera y la súplica de un nuevo ungido, de un rey que continuara la descendencia real de David y restableciera su reino. (Cfr. Is 2,2- 4; Jr 31,31-34; Hb 10,16; Ez 36; Is 49,5-6; 53,11).
Para que los alumnos participen, se les puede preguntar ¿Quién es un profeta? Y si en la actualidad existen los profetas.
IV. La figura del Mesías.
Los profetas, portadores de la promesa de salvación y restauración para el pueblo de Dios, también fueron dando los rasgos de aquel que habría de venir:
Las profecías más notables son de Isaías: (Is 9,5-6; Is 11,1-9; cfr CEC 712). el Emmanuel: (Cfr. Is 7, 14) El Siervo de Yahvé (Is 49, 6; 50, 4; 52, 15; 53, 11).
Jeremías, profetiza que un descendiente de David reunificará a todas las tribus, como símbolo de la salvación que Dios desea para todos los pueblos y razas.
El profeta Miqueas precisa que será rey y nacerá en Belén. (Miq 5, 1)
Zacarías lo muestra como rey justo, que trae la paz y la victoria, aunque será un salvador humilde que vendrá montado sobre un asno. (Zac 9, 9)
El profeta Daniel, por su parte, describe al Mesías como el Hijo del Hombre que viene de lo alto, sobre las nubes del (Cfr. Dn 7, 13-14)
V. La plenitud de los tiempos.
“Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley” (Gal 4,4). Después de una larga espera llega la plenitud de los tiempos, el ángel anuncia a Maria el nacimiento de Jesús: (Lc 1,30-33).
Este acontecimiento se manifiesta a diversos testigos:
A los pastores (Cfr. Lc.2,16)
El anciano Simeón (Lc 2, 22-32).
Lo mismo que a la profetisa Ana (Lc 2, 38).
En la Sinagoga de Nazareth, (Lc 4,16-21).
Andrés (Jn. 1, 41).
Juan Bautista (Cfr. Mt 11, 2-6).
A la Samaritana (Jn 4, 25).
Sumo Sacerdote y Sanedrín: (Mc 14, 61-64; Jn 19,7)
El anciano Simeón (Lc 2, 22-32).
Lo mismo que a la profetisa Ana (Lc 2, 38).
En la Sinagoga de Nazareth, (Lc 4,16-21).
Andrés (Jn. 1, 41).
Juan Bautista (Cfr. Mt 11, 2-6).
A la Samaritana (Jn 4, 25).
Sumo Sacerdote y Sanedrín: (Mc 14, 61-64; Jn 19,7)
Para recordar
-
Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de
sacerdote, profeta y rey
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Jesús, el Mesías, con toda propiedad es el Emmanuel, el Dios- con-
nosotros
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La consagración mesiánica de Jesús manifiesta el carácter divino de su
misión.
-
Él es el Hijo del Altísimo y su reino no tendrá fin.
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