Jesucristo es la plenitud de la Revelación
Siguiendo una pedagogía propia, Dios se reveló al hombre gradualmente,
mediante hechos y palabras íntimamente ligadas entre sí, este largo proceso de
la revelación culminó con el envío de su propio Hijo.
En él se da la revelación
de la plenitud de la verdad divina. Con él Dios lo ha dicho todo, ya no habrá
que esperar otra revelación.
Únicamente Jesús de Nazaret, hijo de María, es el Hijo y Verbo del Padre. El
Verbo, que estaba en el principio con Dios es el mismo que se hizo carne. Al
respecto Juan Pablo II ha declarada explícitamente: Cristo es Jesús de Nazaret
y éste es el Verbo de Dios hecho hombre para la salvación de todos.
Después de la encarnación la divinidad y la humanidad llegaron a una unidad
tan grande que Jesucristo verdadero Dios, no hubiera podido realizar las
acciones humanas, ni Jesucristo verdadero hombre hubiera podido realizar las
acciones divinas.
En consecuencia, el Magisterio de la Iglesia, fiel a la
revelación divina, reitera que Jesucristo es el mediador y el redentor universal.
Dios quiere que todos los hombres se salven, por lo tanto, es necesario pues,
mantener unidas estas dos verdades: la posibilidad real de la salvación de
Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta
misma salvación.
El Señor Jesús, único salvador, no estableció una simple comunidad de
discípulos, sino que constituyó a la Iglesia como misterio salvífico.
Cristo y la
Iglesia no se pueden confundir pero tampoco separar, y constituyen un único
Cristo total.
Para recordar
Es contrario a la fe de la Iglesia sostener el carácter limitado, incompleto o imperfecto de la revelación de Jesucristo, que sería complementada por otras religiones.
La verdad sobre Dios no es abolida o reducida porque sea dicha en lenguaje humano. Ella sigue siendo única, plena y completa porque quien habla y actúa es el Hijo de Dios.
Aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.
Con la encarnación, todas las acciones salvíficas del Verbo de Dios, se
hacen siempre en unión con la naturaleza humana que él ha asumido
para la salvación de todos los hombres, pues el único sujeto que actúa en
las dos naturalezas, la divina y la humana, es la única persona del
Verbo.
El Magisterio de la Iglesia, fiel a la revelación divina, reitera que Jesucristo es el mediador y el redentor universal.
La acción del Espíritu no está fuera o al lado de la acción de Cristo. Se trata de una sola economía salvífica de Dios Uno y Trino, realizada en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios, y llevada a cabo con la cooperación del Espíritu Santo .
Los hombres no pueden entrar en comunión con Dios si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu.
El Magisterio de la Iglesia, fiel a la revelación divina, reitera que Jesucristo es el mediador y el redentor universal.
La acción del Espíritu no está fuera o al lado de la acción de Cristo. Se trata de una sola economía salvífica de Dios Uno y Trino, realizada en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios, y llevada a cabo con la cooperación del Espíritu Santo .
Los hombres no pueden entrar en comunión con Dios si no es por medio de Cristo y bajo la acción del Espíritu.
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